A vueltas con los buscadores

Trataré de hacer una comparativa global de los tres buscadores propuestos: Google, Duckduckgo y Ecosia.

La información sobre el propietario de la corporación Google hay que buscarla en su casa matriz, en este caso Alphabet Inc, cuyos principales propietarios son  Larry Page, Serguéi Brin, Eric Schmidt, Fidelity Investments, BlackRock, Vanguard Group y Government Pension Fund of Norway. Casi todos son fondos de inversiones de dudosa  moralidad  -fondos buitre- de los que hemos oído noticias por su agresividad. Google ha pactado con varios gobiernos autoritarios una censura en sus páginas (China y otros), lo que nos obliga a pensar que se pliega con cierta facilidad a las condiciones de mercado, y que su interés es conseguir clientes a cualquier precio, por encima de la libertad en la red, que no es la misma según qué país del globo nos toque para vivir. Conectado con esto último existen estudios que la acusan de parcialidad informativa. Se le critica también su ingeniería fiscal, diseñada para eludir impuestos. Sin embargo, es la fuente de información más grande del mundo. No es nada aconsejable en su versión abierta, pues basta con que busquemos una marca determinada de coche para recibir posteriormente publicidad de dicho producto. Respecto a la política de datos, periódicamente te piden aceptar sus políticas de privacidad, pero nadie se las lee. Tiene una innumerable cantidad de aplicaciones asociadas donde registrarte te otorga pleno acceso: Google maps, Google noticias, You Tube y otras, lo cual le otorga un posicionamiento de mercado prácticamente hegemónico.

Gabriel Weinberg, un desarrollador informático, fundó en 2008 Duckduckgo (2008), que es más rápido porque no tiene tanta publicidad, la empresa asegura que preserva nuestra privacidad y esto se nota en que las búsquedas no están personalizadas (perfiles ocultos). Dispone de un software libre  que utiliza un sistema de atajos para evitar gran parte de la publicidad, por lo que resulta más eficaz (comandos “bang”). Está asociada a Yahoo. Mantiene una fortísima competencia con Google, y está en continuo crecimiento. No tiene la inmensa cantidad de servicios asociados que ofrece Google. Al igual que la anterior es una empresa norteamericana.

Respecto a Ecosia (2009). Lo primero que llama la atención es que es una empresa alemana, de la Unión Europea. Es el sucesor de otros proyectos benéficos que tienen por objetivo la repoblación forestal y combatir el cambio climático como Xabbel, Forestle y Znout. Todos ellos fueron proyectos de Christian Kroll. Su publicidad nos dice que plantamos árboles cada vez que lo usamos. Dispone de un automatismo por el que los usuarios donan cuando compran en línea, y así mismo compensa la emisión de CO2 de sus servidores destinando gran parte de sus beneficios a combatir el cambio climático. Existe un debate en torno a su forma de donar fondos, que tienen relación con la cantidad de “clics” del usuario, y que algunos han criticado como redundante con el fin de obtener publicidad. Es una Corporación “B” (Sin ánimo de lucro).

A mi modo de ver todas estas aplicaciones tienen sus ventajas, y también sus desventajas: sólo hay que ver la cantidad de búsquedas que realiza Google y ver que no tiene rival, de momento. Respecto a Ecosia, no me convence eso de donar para causas supuestamente benéficas, porque hace tiempo que pienso que todo eso no son más que parches del capitalismo que en el interín sólo beneficia a determinados personajes. Es mucho más interesante la apuesta de Duckduckgo, y su promesa de que no se almacena nuestro historial de búsquedas y datos privados. Pero también creo que comparar este buscador con la Corporación Google es como comparar un taller de coches de mi barrio con General Motors. Es decir, que mientras las empresas son pequeñas pueden preservar su ideario y su independencia, pero cuando empiezan a crecer no tienen más remedio que comprometer sus principios, al igual que cualquier persona que ascienda en política. Como ilustración y ejemplo para navegantes, sólo hay que ver el film “El político” (Rossen, 1949), también conocido como “Todos los hombres del Rey”, del que existe un remake de 2006. O la propia “La red social” (Fincher, 2010) donde la justicia, el mérito y la honestidad se adaptan a la exigencia del éxito ya sea económico o social.

Juan Manuel Alonso