Para desarrollar esta área: capacitación del estudiante, se plantearon preguntas como: ¿Cuáles son las «condiciones de servicio»? ¿Son fáciles de encontrar y de leer? ¿Qué datos tenemos que proporcionar para poder utilizar la herramienta…?

Todo lo cual va en concordancia con la línea de algunos autores que se han convertido en voceros de la educación mediática y de la pedagogía digital crítica. Entre ellos queremos destacar a Cristóbal Cobo, quien ha escrito un nuevo libro en el que analiza y reflexiona sobre todos estos aspectos. Además tiene un nombre muy sugerente: Acepto las condiciones, y nos lo deja disponible con licencia CC desde su blog personal.

Ya lo mencionamos en otro post, serían 25 días de un año, según Cobo, lo que nos tomaría leer las condiciones de servicios de internet que usamos, las cuales aceptamos sin pensarlo mucho porque a fin de cuentas es “gratis”.

No hay demasiada consciencia sobre lo que damos a cambio de la gratuidad de los servicios, los pagamos con nuestros datos, nuestra huella digital, el registro que obtienen de nuestro comportamiento a través del rastreo de navegación web. Con todo ello, al intercambiarlo entre empresas, pueden tener un “perfil” más o menos fiel de nosotros, que utilizan para ofrecernos “bienestar” y sin darnos cuenta vamos siguiendo el camino que nos marcan con las sugerencias de navegación, las recomendaciones de amigos, de sitios de diversión, de consumo, etc. Nada de esto es nuevo.

Lo nuevo es que ahora podemos estar más alerta, al menos para saber que eso es así y discutirlo con nuestros estudiantes. Reflexionar y reconocer los condicionamientos cognitivos que tenemos y que expresamos en la comunicación, se ha normalizado decir “pásame el power point” de la clase o la conferencia, en lugar de la presentación, “enviame un whatsapp”. Reconocer a un influencer, “ese tiene 2k seguidores en Instagram”…Y sobre todo el tiempo que pasamos en las redes sociales… al punto de parecer Zombies

Con el fomento de actividades de reflexión y crítica sobre esta situación de comunicación y vida tecnológica y del poder de control de las grandes empresas dueñas de esos servicios (GAFAM, por ejemplo), creo que al menos se podrá vivir más feliz en los ratos que estemos lejos del móvil y que esto no sea un momento de un episodio de nomofobia, 😉