No es recomendable utilizar solo  indicadores de rendimiento (KPI – Key Performance Indicator) para realizar un seguimiento de la experiencia, el rendimiento y los progresos de los estudiantes. La justificación se centra en tener en cuenta la línea del tiempo de nuestro seguimiento. Normalmente un KPI me ofrece información en tiempo real o de lo que ha ocurrido, por lo que la respuesta siempre es reactiva. Revisando el resultado del KPI comparando esa métrica con valores objetivos, podemos evaluar la experiencia que ha tenido el alumno, el rendimiento conseguido y lo que ha progresado.

Pero, ¿no interesaría ser predictivo del posible fracaso que va a conseguir el alumno? Si nos anticipamos al problema, podremos conseguir mitigarlo antes de que ocurra, por lo que enderezamos el aprendizaje del alumno siendo proactivos. Para ello, hay que tener otro tipo de indicadores, los KRI – Key Risk Indicator. Estos indicadores se basan en la gestión del riesgo. Según ISO 31000, el riesgo es el “efecto de la incertidumbre en los objetivos“ y un efecto es una desviación positiva o negativa (o ambos) de lo que se espera. Es decir, el  Riesgo del fracaso de un estudiante es el impacto y la probabilidad de que fracase (porque está insatisfecho, su progreso no avanza a un ritmo adecuado, o sus resultados están por debajo de lo previsto), que no consiga los objetivos buscados.

Conociendo el riesgo, debemos definir KRIs. Un KRI es un indicador que permite determinar la posibilidad existente de que ocurra un evento probable en un estudiante, en conjunto con las consecuencias que acarrea dicho evento (ya sean favorables o desfavorables), pueda provocar un RIESGO que lleve al estudiante al fracaso.

Para gestionar el riesgo por tanto del fracaso tendremos que analizar los KPIs y definir KRIs. Para ello podemos realizar cadenas causales que enlacen KRIs con KPIs.

Por ejemplo, podríamos indicar que si un estudiante asiste a las sesiones presenciales, participa en foros, participa en las actividades, ha realizado los tests y ha ido revisando los contenidos online, podemos concuir que su resultado de aprendizaje puede ser apto. Definiendo todo lo anterior con indicadores (#AsistenciaSesiones, #ParticipaciónForos, #ParticipaciónActividades, #CalificaciónActividad1, etc.), y controlando estos KPIs no podemos asegurar que su resultado final va a ser óptimo. Pero si analizamos el riesgo, podremos definir porcentajes mínimos de cumplimiento de esos KPIs respecto de la línea del tiempo del progreso de la asignatura, y encadenando dichos KPIs podríamos conocer que si no se llegan a esos mínimos no se alcanzará el objetivo.

Simplificando un ejemplo, podríamos analizar el KPI #ActividadesEntregadas. Si con cinco actividades (3 puntos por actividad) se pueden conseguir 15 puntos, y el alumno solo necesita 10 puntos para su evaluación continua, podemos considerar que si el alumno realiza 3 actividades puede conseguir 9 puntos que sería una buena calificación para la evaluación continua. Pero no estamos considerando la calificación conseguida en cada actividad que podría no ser 3 puntos. Al considerar el KPI #CalificaciónEvaluaciónContinua, podríamos saber cómo va y por lo tanto, considerar ese valor junto con las actividades entregadas, como KRI para alertar de un posible fracaso si la combinación no le va a facilitar superar la evaluación continua al finalizar.

 

Lo importante es anticiparse a un problema, el seguimiento predictivo de un alumno, le proporcionará mayor satisfacción, porque se sentirá en el centro del aprendizaje y con interés por su progreso, en lugar de guardias que buscan la penalización y el error.