Tal como se comenta en la lectura de este apartado, para crear recursos digitales no es necesario ser un programador ni usar plataformas complicadas. Mi experiencia corrobora esa afirmación, pero conviene no perder de vista que, aunque no sea preciso ser un experto, sí que es imprescindible dedicar tiempo a conocer el recurso concreto con todas las posibilidades que ofrece para sacarle el máximo rendimiento didáctico.

No basta cortar y pegar

En la anterior entrada que escribí hablaba de la conveniencia de contar con una serie de criterios que nos facilitasen escoger los recursos más adecuados al objetivo didáctico que tuviésemos planteado. Ahora me gustaría plantear, en la línea de lo que comenta Juan Manuel Alonso en su entrada “recursos vacíos”, otro posible espejismo. No en lo que se refiere a los contenidos que ofrecen algunos de los recursos, sino a la especificidad de su uso.

Bastantes de los recursos están planteados desde la perspectiva de qué tipo de “ejercicios” pueden desarrollarse con ellos comprobar conocimientos mediante preguntas abiertas, test, emparejar palabras o iconos, rellenar huecos, generar crucigramas o sopas de letras, etc. Otros permiten el desarrollo de diversas competencias o procedimientos, que pueden ser específicos de un área (lengua, matemáticas…) o transversales (mapas conceptuales; interpretación de textos -escritos o audiovisuales-; desarrollo de trabajo cooperativo o colaborativo; estructuración y organización de contenidos; elaboración de exposiciones orales, debates, etc.)

El planteamiento dialógico

Particularmente me parecen más interesantes este segundo tipo de recursos, más abiertos,  flexibles y versátiles. Pero exigen del profesor un trabajo que conviene no perder de vista, porque de él depende que sean realmente útiles. Ese trabajo habrá de centrarse fundamentalmente en la adecuación del recurso a mis objetivos didácticos. Es decir, poner en primer lugar la intención didáctica.

Y será a partir de esos objetivos como tendremos que adecuar el recurso a nuestros intereses.

De ahí que no esté de menos la consideración de algunos de los recursos como vehículo idóneo para el ejercicio de un aprendizaje dialógico. Es decir, considerar las posibilidades que ofrecen para activar competencias, habilidades de pensamiento, procedimientos intelectuales… mediante estrategias dialógicas.